jueves, 8 de noviembre de 2012


La guerra sin fin

   Habia una vez un rincón de Fantasía al que nadie se atrevía a ir debido al las sangrientas guerras que  habitaban en ese lugar, llamado la ciudad de los ancestros. Un día, un gnomo llamado Enguibuck, creyendo que podía solucionar el problema de las guerras eternas, en su camino encontró un hombre lobo, a quien como castigo le habían roto los colmillos, y en ese tiempo un hombre lobo sin colmillos era un hombre lobo muerto. Al verlo Enguibuck se espanto por la crueldad de estos seres maleficos que habían ocasionado tanto mal.
   Enguibuck al ver el sufrimiento del hombre lobo, decidio ayudarlo y le forjo unos colmillos de acero. A partir de allí, ambos se hicieron leales amigos.
   Mucho tiempo después las guerras aun no habían cesado y los dos guerreros tuvieron que enfrentarse a una de las batallas que definiría el futuro de la ciudad de los ancestros.
   En el camino encontraron una ciudad incendiada llena de sombras, los dos compañeros habían visto cosas desagradables, pero estas sobrepasaban todo. Entre esa multitud de sombras de seres humanos tuvieron la suerte de encontrar un soldado  que yacía con vida, el saldado les contó lo ocurrido, y describió a los crueles guerreros, eternos hombres sin rostro ni piedad, que no dejaban esclavos ni sobrevivientes.
  Después el hombre termino de convertirse  en una sombra, y los dos compañeros siguieron su camino.
   Cuando llegaron a la batalla comenzaron a luchar contra esos desalmados guerreros. El hombre lobo con sus afilados colmillos de acero peleaba tratando de impedir el avance enemigo y el gnomo atacaba desde su altura con una ballesta, dejando a sus contrincantes  incapacitados para continuar en la lucha. Toda esta guerra no tenia sentido, los enemigos llegaban sin cesar, como una jauría de feroces lobos.  Una flecha enemiga certera dio en el blanco menos esperado, y termino en un segundo con la vida de   Enguibuck. El lobo desgarrado por la muerte de su amigo, se enfureció terriblemente, lo que fue el fin de sus enemigos. Por fin habían logrado ganar esta batalla pero no la guerra. El lobo miro a su alrededor y no podía creer lo que sus ojos veían, un escenario devastador.
   Luego se reunió con unos aldeanos cercanos que sentados alrededor del fuego narraron el origen de las bestias. Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo en un orfanato había niños de toda clase: elfos, duendes, niños lobos, etc. Poco a poco, fueron siendo  adoptados, pero hubo uno que nadie quiso ayudar por su mirada aterradora. Fue así que el niño, debido al rechazo, se consumió en odio. Entonces comenzó a practicar artes oscuras y así fue creando a sus aliados y con ellos un ejército de seres con sed de venganza. 
   El lobo comprendió que la única forma de darle fin a las guerras era terminar con ese niño, que ya  no era un niño sino un adulto.
    Emprendió su viaje hacia donde vivía este ser invadido por el odio. Atravesó ríos, montañas, bosques y desiertos hasta que al fin dio con el. Tenía los ojos tan rojos como el infierno. Parecía que el monstruo lo estaba esperando, no como algo malo sino como quien espera la cura para el fin de su sufrimiento.  La lucha fue  extraña, parecía que la energía había abandonado su cuerpo. Y en el segundo final una mirada sirvió para rogar que terminara con su sufrimiento.  La estocada final acabo con una sonrisa pacifica que ilumino su rostro liberándolo así de su odio sin fin.
   Al fin las guerras habían acabado, gracias a un gnomo dispuesto a llevar la paz a un rincón de fantasía.

1 comentario: