La guerra sin fin
Habia una vez un rincón
de Fantasía al que nadie se atrevía a ir debido al las sangrientas guerras
que habitaban en ese lugar, llamado la
ciudad de los ancestros. Un día, un gnomo llamado Enguibuck, creyendo que podía
solucionar el problema de las guerras eternas, en su camino encontró un hombre lobo,
a quien como castigo le habían roto los colmillos, y en ese tiempo un hombre
lobo sin colmillos era un hombre lobo muerto. Al verlo Enguibuck se espanto por
la crueldad de estos seres maleficos que habían ocasionado tanto mal.
Enguibuck al ver el
sufrimiento del hombre lobo, decidio ayudarlo y le forjo unos colmillos de acero.
A partir de allí, ambos se hicieron leales amigos.
Mucho tiempo después
las guerras aun no habían cesado y los dos guerreros tuvieron que enfrentarse a
una de las batallas que definiría el futuro de la ciudad de los ancestros.
En el camino
encontraron una ciudad incendiada llena de sombras, los dos compañeros habían
visto cosas desagradables, pero estas sobrepasaban todo. Entre esa multitud de
sombras de seres humanos tuvieron la suerte de encontrar un soldado que yacía con vida, el saldado les contó lo
ocurrido, y describió a los crueles guerreros, eternos hombres sin rostro ni
piedad, que no dejaban esclavos ni sobrevivientes.
Después el hombre
termino de convertirse en una sombra, y
los dos compañeros siguieron su camino.
Cuando llegaron a la batalla comenzaron a
luchar contra esos desalmados guerreros. El hombre lobo con sus afilados
colmillos de acero peleaba tratando de impedir el avance enemigo y el gnomo
atacaba desde su altura con una ballesta, dejando a sus contrincantes incapacitados para continuar en la lucha. Toda
esta guerra no tenia sentido, los enemigos llegaban sin cesar, como una jauría
de feroces lobos. Una flecha enemiga
certera dio en el blanco menos esperado, y termino en un segundo con la vida
de Enguibuck. El lobo desgarrado por la
muerte de su amigo, se enfureció terriblemente, lo que fue el fin de sus
enemigos. Por fin habían logrado ganar esta batalla pero no la guerra. El lobo
miro a su alrededor y no podía creer lo que sus ojos veían, un escenario
devastador.
Luego se reunió con unos aldeanos cercanos
que sentados alrededor del fuego narraron el origen de las bestias. Cuenta la
leyenda que hace mucho tiempo en un orfanato había niños de toda clase: elfos,
duendes, niños lobos, etc. Poco a poco, fueron siendo adoptados, pero hubo uno que nadie quiso
ayudar por su mirada aterradora. Fue así que el niño, debido al rechazo, se
consumió en odio. Entonces comenzó a practicar artes oscuras y así fue creando
a sus aliados y con ellos un ejército de seres con sed de venganza.
El lobo comprendió
que la única forma de darle fin a las guerras era terminar con ese niño, que
ya no era un niño sino un adulto.
Emprendió su viaje hacia donde vivía este
ser invadido por el odio. Atravesó ríos, montañas, bosques y desiertos hasta
que al fin dio con el. Tenía los ojos tan rojos como el infierno. Parecía que
el monstruo lo estaba esperando, no como algo malo sino como quien espera la
cura para el fin de su sufrimiento. La
lucha fue extraña, parecía que la
energía había abandonado su cuerpo. Y en el segundo final una mirada sirvió
para rogar que terminara con su sufrimiento.
La estocada final acabo con una sonrisa pacifica que ilumino su rostro
liberándolo así de su odio sin fin.
Al fin las guerras
habían acabado, gracias a un gnomo dispuesto a llevar la paz a un rincón de
fantasía.
Mucho mejor! Ilustrar!
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