La aparición
Ya han pasado muchos años desde que me retiré de la milicia.
En ese tiempo, cuando
yo era joven era un soldado excepcional tenía todas las medallas de honor por
haber salvado a compañeros y aun así lograr con éxito la misión. Pero de
eso no se trata la historia.
La historia se remonta a cuando me enviaron a combatir contra los japoneses en
la segunda Guerra.
Recuerdo como si fuera ayer los nombres y rostros de mis compañeros: Estaba
Jon, que era el artillero pesado, casi todo el tiempo estaba preocupado por
cualquier cosa; Ron, que era el médico, era todo lo contrario a Jon, él
sabía que todos eran unos buenos soldados y que todos podían valerse por sí
mismos.
En cambio yo era el ingeniero, esta clase era de las más
peligrosas porque hay que arreglar todo sin que te maten.
Los tres estábamos llegando a la misión, cuando de la nada un artillero nos
levantó en el aire, los tres sobrevivimos y el único que murió fue el piloto.
De todas formas,
teníamos que seguir con la misión así que seguimos a pie.
Aun que era complicado
moverse por el peso de las minas antitanques y el RPG llegamos a destino
ilesos. Ahí vimos a nuestros a nuestros aliados en las trincheras y
rápidamente nos escabullimos para meternos dentro.
El primer oficial nos informó de la situación y de la cantidad de
soldados que habían caído y nos dijo que solo teníamos una oportunidad para
ganar. Nos explicó que había un tanque y estaba destruyendo todo a su paso y
que a su lado lo seguían como mínimo veinte kamikazes.
El plan para destruirlo era complejo, ya que consistía en que el
artillero pesado, Jon, tenía que hacer una distracción sobre una palmera
mientras que yo colocaba minas antitanques debajo del suelo.
A todo esto, el tanque se movía bastante rápido y la zona lo favorecía.
Cuando se puso en
marcha la operación, estaba muy nervioso y mis compañeros también.
Colocaba las minas cuando el tanque nos descubrió y abrió fuego contra
nosotros; el impacto fue tan grande que quedé aturdido y me desmayé.
Cuando me desperté, estaba en una trinchera con Ron, le pregunté
qué había pasado y me dijo que Jon estaba muerto con los demás y que de
alguna manera nos habíamos teletransportado a otro mundo pero que estábamos
en la misma situación con algunas peculiaridades: los hombres tenían la
cabeza con la forma y la textura de un melón, solo tenían una boca pero con
millones de dientes afilados y una nariz con la que podían olerte a kilómetros
de distancia, y lo más aterrador: ellos tenían humanos para devorárselos como
si fueran una pata de pollo, eran su comida favorita.
Luego de que me explicó todo camuflamos nuestros olores con
barro y nos escabullimos de trinchera en trinchera, hasta que, de la nada, una
bella mujer con un cabello como el fuego nos guiñó un ojo en señal de que la
siguiéramos. En ese momento, como era la única humana allí, confiamos en ella y
la seguimos. A medida que avanzamos me di cuenta de que tenía una fuerza
increíble en los brazos, podía romper el tronco de un árbol con un chasquido.
La mujer nos guio hasta una gran puerta de metal, en ese
momento comprobé que había adquirido una enorme fuerza ya que la abrí de un
empujón, cuando entramos había miles de esas criaturas por lo que comenzamos a
correr. Nos persiguieron. No creí que corrieran tan rápido.
Ellos me alcanzaron y de unos mordiscos arrancaron mis
brazos y siguieron persiguiendo a los demás. En ese momento, de la nada
desperté en una camilla. Estaba en la enfermería de la guerra y, cuando me di
cuenta ya no tenía los brazos, sobre la mesa había un melón y por la puerta
pasó una bella mujer con el cabello como fuego que me guiñó el ojo y se fue.
Nunca sabré si eso fue real o no, y no sé si perdí los
brazos en la guerra o con las bestias.


