jueves, 21 de junio de 2012

Un día estaba caminando y de repente me encontré con un negocio  muy peculiar. Jamás lo había visto: era pequeño pero tenía muchas cosas rara como serpientes en frascos, huevos de animales, etc.
 El hedor era intenso, nunca había sentido tantas combinaciones de distintos aromas en mi nariz.
 Pero entre tantas cosas, algo me llamó la atención. Era un extraño lagarto no muy grande pero tenía un color fuertísimo, a pesar de la oscuridad del lugar. El hombre que atendía el negocio me dijo el precio del lagarto.
Yo de inmediato busqué por todos mis bolsillos, entre las carpetas, en la mochila hasta poder juntar entre monedas y billetes la suma exacta.
 Lo colocaron en una caja de cartón y empecé a caminar muy ansioso hacia mi casa escuchando los ruidos que hacían sus manos en le cartón.
 El primer día que estuvo en casa el lagarto era tímido, ¿Quién no se asustaría de un hombre mucho mas grande de él mirándolo todo el tiempo? Es que no podía dejar de mirarlo, tenía unos colores impresionantes: era verde claro pero también violeta y amarillo sin contar sus infinitas manchas de colores por la espalda, tenía un cuerno entre los ojos de color negro, parecía como salido de un cuento…
 Al segundo día, el lagarto no tenía miedo sino curiosidad por mí. Me miraba todo el tiempo con esos ojos como de mármol verde agrietado.
 Poco a poco nos hicimos inseparables y la amistad creció y creció.
 Transcurrieron dos semanas y empecé a notar que mi lagarto comía mucho más de lo normal y comenzó a ponerse un tanto agresivo. Quise ir a preguntarle al hombre de la tienda que podía pasarle al animal, pero esa tarde: el hombre había desaparecido.
 Al día siguiente, mi lagarto estaba más raro aún: se quedaba quieto en un lugar y sólo me miraba. Hasta que en un momento cerro un ojo y se convirtió en una lluvia de flores blancas que despedía olor exquisito y en medio de la lluvia y esos olores, había un huevo.
  El huevo era negro, era hermoso y de repente el huevo se empezó a agrietar……

FIN

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